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Masc: Encontrar la libertad de existir sin esconderse – TIFF 2026

Robin atraviesa trabajos, amistades, relaciones y espacios donde constantemente parece preguntarse cómo lo perciben los demás. Poco a poco, esta historia sobre un hombre queer y autista encuentra algo más sencillo y poderoso: la posibilidad de sentirse cómodo siendo quien es.

Masc es una revelación. Una de esas películas que sorprenden de una manera que se siente completamente satisfactoria. La ópera prima del artista y cineasta sueco radicado en Londres Bertil Nilsson tiene su estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto, dentro de Platform, una sección que este año ha recibido un impulso importante después de convertirse en un programa con un premio que puede otorgar elegibilidad para los Óscar en la categoría de Mejor Película Internacional. Masc, al ser una película en inglés, no puede beneficiarse de esa posibilidad, pero es difícil pensar en una película que merezca más que esta nueva atención que Platform está recibiendo.

La película sigue a Robin, interpretado de manera extraordinariamente natural por Joshua Griffin, a través de cinco capítulos que recorren distintos trabajos, amistades, posibles relaciones románticas, una agresión en la calle, un viaje a Gales con su padre y una sesión grupal. En apariencia, nunca existe una dirección demasiado clara. No hay un objetivo concreto que Robin tenga que alcanzar ni una gran transformación que la película esté intentando construir. Pero eso nunca se siente como una debilidad. Masc entiende que para alguien que está intentando descubrir cómo sentirse cómodo consigo mismo, la vida no necesariamente tiene una estructura narrativa clara. La película simplemente acompaña a Robin mientras intenta encontrar su lugar en diferentes espacios.

Hay algo muy paciente en la manera en la que Nilsson observa a Robin. Nunca intenta explicarlo completamente, y mucho menos convertirlo en un personaje que tenga que verbalizar constantemente lo que siente. Robin escucha. Hace preguntas. Absorbe lo que otras personas le cuentan. Pero rara vez tiene la oportunidad de expresar completamente lo que él mismo está sintiendo.

Esto se vuelve especialmente evidente cuando descubre que su jefe y sus compañeros de trabajo se burlan de uno de sus colegas por la manera en que habla constantemente, algo relacionado con su neurodivergencia que los demás perciben como algo negativo y digno de reírse. Robin decide borrar en secreto los videos que han grabado de él. Es un momento pequeño, pero dice muchísimo sobre quién es Robin. No necesita hacer un gran discurso ni enfrentarse directamente a ellos. Su forma de reaccionar es silenciosa, íntima y completamente coherente con la manera en la que la película ha construido al personaje.

Nilsson encuentra constantemente maneras de mostrar todo aquello que Robin no dice. En una de las escenas más interesantes, después de que otro personaje le ofrece una bebida de proteína que claramente no le gusta, Robin imagina que lo ataca violentamente. Pero en la realidad simplemente reprime su reacción. Es una escena que resume perfectamente la película: lo que vemos no siempre corresponde con lo que está sucediendo dentro de él.

Robin también baila. Y cuando lo hace, parece querer desaparecer de la mirada de los demás. Se pone nervioso, se siente observado y rápidamente deja de hacerlo. Es una pequeña acción que vuelve a aparecer como una forma de entender su relación con el mundo: incluso cuando está haciendo algo que disfruta, existe una conciencia constante de cómo podría estar siendo percibido.

Una de las escenas más conmovedoras llega cuando otro personaje se abre con Robin y habla sobre el rechazo, sobre ser un hombre gay, no tener dinero y seguir intentando una y otra vez mientras algo constantemente parece empujarlo hacia atrás. Robin simplemente escucha. Y eventualmente comienza a llorar. Es como si hubiera absorbido todas las emociones de la persona frente a él y finalmente necesitara dejarlas salir a través de sus propias lágrimas. Es uno de los primeros momentos en los que realmente vemos a Robin permitirse sentir.

Y hay algo increíblemente hermoso en la decisión de dejar que le tomen una fotografía con los ojos todavía rojos después de llorar. Es una imagen íntima, incómoda y muy humana. Masc llega hasta ese punto para mostrar que existe belleza en permitir que nuestras emociones sean vistas, incluso aquellas partes de nosotros que normalmente intentamos esconder.

El propio título hace referencia al concepto de masking, esa tendencia a ocultar determinados aspectos de nosotros mismos para sentirnos aceptados. Pero la película hace exactamente lo contrario. En lugar de esconder a Robin, Nilsson se interesa por todas esas partes que pueden resultar incómodas, incompletas o que simplemente nunca han tenido suficiente espacio para existir. Y lo hace sin convertir su experiencia en una tragedia ni en una historia convencional de descubrimiento personal.

Por eso resulta tan especial que la película siga a un hombre queer y autista sin que ninguna de esas características tenga que convertirse en el conflicto principal de la historia. Masc simplemente permite que Robin exista. Lo observa intentando descubrir cómo relacionarse con los demás, cómo sentirse cómodo en su propio cuerpo y cómo encontrar espacios donde no tenga que estar constantemente pensando en cómo está siendo percibido.

Hacia el final, Robin encuentra a una persona con quien puede estar en silencio. No tiene que hablar ni explicar nada y, por primera vez, parece completamente cómodo. Él mismo describe esa sensación como una especie de euforia, pero no necesariamente romántica. Es simplemente la tranquilidad de poder relajarse junto a otra persona sin sentir que tiene que hacer algo más.

La película termina con Robin finalmente bailando frente a otras personas. Y esta vez no se detiene. En cambio, invita a quienes están a su alrededor a bailar con él mientras suena Dance Dance Dance de Lykke Li. Es un final que se siente completamente ganado y profundamente afirmativo. No porque Robin haya encontrado todas las respuestas, sino porque finalmente parece haber llegado a un punto en el que puede existir sin tener que responderlas.

Masc es una de las mejores óperas primas del año, si no la mejor. Nilsson demuestra una voz completamente propia, una que nunca parece tener miedo de ser extraña, vulnerable o simplemente diferente. Hay algo profundamente contemporáneo en la película, pero también algo muy sencillo en lo que está intentando decir: quizá encontrar quién eres no siempre significa descubrir una respuesta, sino encontrar un espacio donde ya no tengas que estar preguntándotelo constantemente.

Es una película tierna, paciente y extraordinariamente íntima, y una muestra de lo poco que seguimos viendo historias como esta en pantalla. Que Nilsson consiga contarla con tanta suavidad, sin convertirla en una película sobre “superar” algo, es precisamente lo que hace que Masc sea tan especial.

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