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The City of the Living: La vida de Luca antes de convertirse en una víctima – Venecia 2026

Luca Varani tenía 23 años y buscaba construir una vida en Roma cuando una cadena de decisiones y coincidencias lo llevó hacia un destino trágico. Edoardo Gabbriellini reconstruye al joven detrás del crimen que conmocionó a Italia.

En 2016 un asesinato conmocionó a Roma. Luca Varani, un joven de 23 años que vivía en las periferias de la ciudad y tenía dificultades para ganarse la vida, recibió una llamada que cambió su destino: se convirtió en víctima de las atrocidades de dos hombres privilegiados que, en una tarde de drogas desenfrenadas, le arrebataron la vida violentamente. El camino que lo llevó a tan fatal final vino marcado por una serie de coincidencias en su búsqueda constante de un lugar en el mundo, su anhelo por enorgullecer a sus padres adoptivos, ofrecerle solo lo mejor a su novia Marta y una doble vida que parecía acercarlo cada vez más a los círculos de violencia y peligro. ¿Se puede hacer algo para salvarlo?

The City of the Living es la nueva película de Edoardo Gabbriellini, que se estrenará en la 83ª Biennale di Venezia como parte de la competencia Orizzonti. Libremente adaptada de la novela homónima de Nicola Lagioia, la película toma como punto de partida uno de los casos criminales más conocidos de la Roma contemporánea, pero decide alejarse por completo de las convenciones del true crime. En lugar de reconstruir el asesinato o perseguir a los culpables, Gabbriellini decide mirar hacia atrás y preguntarse quién era Luca antes de convertirse en una víctima, construyendo un retrato conmovedor y desgarrador de un joven que todavía tenía toda una vida por delante.

En una decisión arriesgada para contar una historia tan conocida en Roma, el director nos presenta a un personaje cuya vida está llena de contradicciones. Adoptado cuando tenía tan solo meses de edad, Luca no demostró tener una gran capacidad para la vida escolar, por lo que decide abandonar sus estudios y dedicarse a trabajar con su padre en un puesto ambulante de dulces y caramelos en las afueras de Roma. Es iracundo e impulsivo, pero también cariñoso y tierno; tal vez no es el ciudadano modelo y conforme avanza la película lo vemos involucrarse más y más en actividades ilegales y en los círculos más peligrosos de la ciudad. En ratos también puede sentirse torpe, pero en la intimidad se mantiene noble y juguetón, detallista y preocupado por quienes más ama. La perseverancia es su más grande fortaleza.

Con una cinematografía realmente excepcional que retrata los contrastes de Roma, nos vamos deslizando con gracia por pasillos y rincones mientras se nos revela un personaje con muchas dimensiones, que se dibuja a ratos solo como un reflejo, pero que poco a poco se va convirtiendo en nuestro amigo. Nos frustramos con él porque su sueño de tener una casa y casarse se ve truncado por su futuro laboral, entendemos la consideración que tiene con sus padres y su novia, somos sus confidentes, a veces lo vemos como la presa y muchas otras como la víctima. Gabbriellini consigue que la tragedia deje de sentirse como algo que inevitablemente tenía que ocurrir y que, en cambio, sintamos la frustración de estar viendo a alguien tomar decisiones que todavía podrían cambiar el rumbo de su vida.

La película, a pesar de estar basada en un hecho lóbrego, decide no ser escandalosa. Es más bien el retrato cotidiano de este chico, jugando con el carácter elusivo de Luca para que los momentos de profunda intimidad pesen más, sembrando poco a poco el peligro en una vida que parecía tranquila, precaria tal vez, pero que todavía parecía tenerlo lejos de las amenazas. Resulta curioso, de hecho, que la apertura del filme y el acto final, después de revelar la tragedia, se sienten más escenificados, haciendo que parezcan menos genuinos que toda la narración casi documental del día a día de Luca.

Con él descubrimos Roma, pero no la ciudad de las guías de turistas, sino la de las fiestas, el trabajo sexual, el narcotráfico y los excesos de una clase burguesa totalmente desinteresada por la vida de los demás. Una ciudad llena de rincones en los que conviven personas que difícilmente se encontrarían en otras circunstancias, y en la que las diferencias sociales terminan creando mundos paralelos que solo se cruzan por casualidad. Es precisamente en esos encuentros donde Gabbriellini encuentra la tensión: no necesitamos conocer el destino de Luca para saber que algo puede salir mal, pero tampoco podemos dimensionar hasta dónde llegará esa cadena de decisiones.

Quien busque en The City of the Living un relato de crimen y culpables se decepcionará por la ruta más respetuosa y cariñosa con la que Gabbriellini decidió honrar la memoria del joven Luca. Esta no es una historia tradicional de persecuciones e investigaciones, tampoco es el relato tradicional en el que la víctima se retrata como una persona ejemplar. Luca tiene defectos, toma malas decisiones, se equivoca y se mete en problemas, pero nada de eso explica ni justifica lo que le ocurre. Y tal vez ahí encuentra la película su mayor fuerza: recordarnos que detrás de una tragedia que alguna vez ocupó las páginas de los periódicos había una persona que quería trabajar, enamorarse, formar una familia y encontrar su lugar en el mundo.

Esta ciudad está llena de personas con vidas normales, con claroscuros y contradicciones, una ciudad que muchas veces tratamos de ignorar, de esas calles en donde un joven queriendo ganarse la vida terminó encontrando un callejón oscuro del que ya no pudo salir. Gabbriellini no intenta encontrar una explicación para su muerte, sino devolverle todo aquello que el crimen le quitó: una personalidad, una historia y la posibilidad de que, por un momento, podamos conocer a Luca antes de que Roma lo convirtiera en un nombre más dentro de las páginas de un periódico.

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