Tres jóvenes indígenas que se dedican al trabajo sexual en Vancouver tienen tan solo unas horas para darle rumbo a sus vidas: Tamara necesita encontrar su pasaporte para evitar ser expulsada del país, Aiden necesita encontrar el dinero del depósito de su nuevo departamento y December carga con el peso de un acontecimiento familiar que ha intentado ignorar. A medida que pasa el tiempo, sus vidas comienzan a conectarse para retratar las dificultades de pertenecer a una comunidad originaria en Canadá, la precariedad de su trabajo y los conflictos que surgen dentro de una comunidad llena de secretos, pleitos y batallas personales por librar.
Seventeen es el debut de Justin Ducharme, que se estrenará en el 51 Festival Internacional de Cine de Toronto de este 2026, y encuentra en la relación entre sus protagonistas su principal fortaleza. Aunque los tres personajes tienen sus propias historias, es December quien funciona como eje de la película, especialmente a través de su relación con Tamara. Con una especie de instinto maternal, se ofrece a ayudarla a encontrar el pasaporte que necesita, la lleva de un lado a otro y trata de obligarla a pensar en lo que hará después, incluso cuando Tamara no le ha pedido ayuda. La tensión entre ambas crece precisamente porque December quiere resolver el problema a toda costa, mientras Tamara, cada vez más abrumada por la situación, comienza a perder el control, se emborracha, huye y finalmente termina por enfrentarse con ella.

Ducharme apuesta por una mirada cercana y cómplice hacia estos personajes, dejando espacio tanto para el conflicto como para la ternura. Compartir espacios, escuchar una canción en un viejo reproductor o desempolvar recuerdos de las reservas permite entender la red de afectos que han construido lejos de sus hogares. La película habla constantemente de la colonización, la marginalidad y la discriminación que atraviesan a estas comunidades, aunque es sobre todo en el absurdo conflicto del pasaporte donde consigue mostrar de manera concreta cómo un sistema puede terminar vulnerando la identidad de una persona indígena en su propio país. El resto permanece principalmente como parte del contexto y del discurso de los personajes.
La construcción de December resulta especialmente interesante, porque Ducharme parece convertirla en una figura protectora que siempre está preparada para sostener a los demás, pero que rara vez permite que alguien haga lo mismo por ella. Es ahí donde la película encuentra también una de sus contradicciones: insiste en presentar a esta juventud como una generación capaz de encontrar las respuestas que las personas mayores no han sabido encontrar, cuando quizá lo más interesante habría sido permitirles equivocarse, pedir ayuda y reconocer sus propias limitaciones. December es quien más necesita bajar la guardia, pero la historia parece exigirle que siempre sea ella quien sepa qué hacer.
Mientras tanto, Aiden parece vivir en una película distinta. Su historia apenas comienza a conectarse con la de las otras protagonistas hacia el final y funciona como un relato mucho más sencillo sobre alguien que necesita conseguir dinero, lo pierde, renuncia a recuperarlo y termina aceptando una solución que no necesariamente desea. Su presencia sirve para ampliar el retrato de esta comunidad, aunque la distancia entre su historia y la de Tamara y December hace que el relato coral no siempre encuentre la misma fuerza.

El título alude a esos diecisiete años en los que estos jóvenes dejaron sus hogares para buscar una vida diferente, pero también a las horas que transcurren durante la película. Más que construir una carrera contra el tiempo, Ducharme utiliza ese recorrido para observar cómo estos personajes se acompañan mientras intentan encontrar un lugar en una ciudad que no siempre parece tener espacio para ellos.
Hay algo solemne en Seventeen, pero también se da el tiempo para construir algo profundamente tierno. Ducharme no busca convertir a sus protagonistas en víctimas ni reducirlos a las dificultades que enfrentan, sino mostrar la importancia de las redes que construyen entre ellos. Quizá por momentos confía demasiado en la idea de que acompañarse es suficiente y deja poco espacio para que estos personajes puedan reconocer que también necesitan ayuda. Pero en esos pequeños momentos de complicidad, cuando dejan de defenderse y simplemente comparten el peso de estar lejos de casa, aparece la humanidad que sostiene toda la película.


