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At Night: encontrar un lugar al que volver en la noche parisina – TIFF 2026

Durante una noche interminable en París, B busca a una vieja amiga mientras encuentros fortuitos abren conversaciones sobre feminidad, maternidad y libertad. Entre calles y estaciones de metro, la ciudad se convierte en un refugio para decir lo que permanece oculto durante el día.

París de noche se convierte en un laberinto. Entre calles, restaurantes, bares y estaciones de metro, B intenta encontrar a Didi, una amiga a la que hace mucho tiempo no ve. Mientras ambas se buscan, la ciudad se llena de encuentros casuales, conversaciones y personajes que parecen encontrar en la oscuridad el espacio necesario para hablar de aquello que durante el día permanece escondido.

At Night, primer largometraje de Beatrice Gibson, tendrá su estreno norteamericano en la 51ª edición del Festival Internacional de Cine de Toronto, dentro del programa Wavelengths. Después de su estreno mundial en Locarno, donde Gibson recibió el premio a Mejor Dirección Emergente, la película llega a Toronto como una pieza melancólica y contemplativa que encuentra en la noche un territorio fértil para hablar de feminidad, maternidad, discriminación, marginación y expectativas de género.

Filmada en 16mm por Ben Rivers, la película parece moverse entre la ficción, el documental y el sueño. Gibson apuesta por una cámara que mira atenta a las mujeres que conversan sobre maternidad y feminidad en la mesa de un restaurante, que acompaña encuentros inesperados en una tienda de conveniencia sumida en la penumbra y que sigue a Didi hasta un bar donde puede conectar con personas que viven las consecuencias de la violencia de los sistemas heteropatriarcales.

Pero en lugar de construir una historia convencional, Gibson arma un recorrido. Las conversaciones van apareciendo mientras B y Didi avanzan por París, como si cada encuentro abriera una nueva puerta dentro de este laberinto nocturno. Hay algo hipnótico en dejar que estas reflexiones sucedan en tiempo real, sin que la película intente convertir cada conversación en una conclusión definitiva. Las personas hablan, escuchamos y seguimos andando.

Los flashes de París y los vagones de metro que parecen indiferentes a las historias de quienes transportan se mezclan con palabras llenas de añoranza y libertad. Pero no se trata de una libertad que persiga la homogeneidad, sino de aquella que permite que cada persona pueda elegir aquello que desea, aquello que anhela, las decisiones que le permitan realizarse a su propia manera. Cuando los diferentes puntos de vista convergen y se reconocen, el diálogo adquiere una fuerza especial, porque más que una naturaleza combativa aparece una verdadera necesidad de detenernos a escuchar.

Hay algo tierno en que la película encuentre este espacio precisamente durante la noche. Cuando el ruido de la ciudad comienza a disminuir y las calles se vacían poco a poco, las personas parecen desprenderse de algunas de las expectativas que cargan durante el día. La oscuridad funciona como refugio, pero también como territorio de vulnerabilidad. Es ahí donde podemos hablar con mayor honestidad, reconocer nuestros deseos y acercarnos a otras personas sin saber exactamente hacia dónde nos llevará el siguiente encuentro.

Aunque a momentos el ritmo puede sentirse lento y pesado por la propia naturaleza contemplativa de la obra, Gibson evita convertir sus ideas en una tortura discursiva. La fotografía de Rivers ayuda a sostener ese recorrido con imágenes frías, melancólicas y llenas de textura, mientras el sonido de la cámara y los fragmentos de la ciudad mantienen presente la sensación de estar acompañando a estas mujeres en una noche que parece no tener un destino específico.

Quizá porque durante la noche todo parece un poco más incierto, también parece más fácil imaginar otras posibilidades. B y Didi se buscan entre calles que parecen extenderse infinitamente, mientras otras mujeres encuentran en la conversación una forma de reconocerse y acompañarse. Y cuando finalmente dejamos atrás las luces de París, queda la sensación de que algunas noches no sirven para llegar a casa, sino para descubrir qué significa realmente tener un lugar al que volver.

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