Nosotros, de Joaquín Ruano, es la ópera prima del realizador guatemalteco-mexicano y sigue a Romero, un hombre indígena de 23 años que solía conducir un mototaxi (TucTuc) en su pueblo rural, pero que huye de la extorsión de las pandillas locales y migra a Ciudad de Guatemala. Allí encuentra trabajo como guardia de seguridad en un centro comercial, donde se enamora de Nubia, una mujer trans que tiene un negocio local. Juntos construyen un pequeño santuario emocional, pero su vínculo rápidamente se ve amenazado por los prejuicios y la hostilidad profundamente arraigados de sus compañeros de trabajo.
La película tendrá su estreno mundial en TIFF, dentro de la sección Discovery, y posteriormente tendrá su estreno nacional en el Festival Internacional de Cine de Morelia. Se trata de una coproducción guatemalteca-mexicana con apoyo de Ibermedia. Desde sus primeros minutos, es una ópera prima que sobresale por su puesta en escena: paciente, contenida y siempre reservada en la manera en que observa a sus personajes.
Romero, al llegar a Ciudad de Guatemala, se enfrenta a un mundo completamente nuevo, como él mismo lo menciona en una de sus conversaciones con Nubia. No entiende cómo funciona una gran ciudad, o incluso un mall, porque en su pueblo la vida es mucho más sencilla y pequeña. Él es una persona que no ocupa mucho espacio e incluso cuando carga un arma, no se ve particularmente imponente. En varios momentos, la película lo retrata casi como un niño atrapado en un cuerpo de adulto. Le fascinan los videojuegos y cada vez que tiene la oportunidad de jugar, lo hace, sin importar quién esté a su lado. Después de tener sexo con Nubia, la abraza y se queda descansando sobre su pecho. Son pequeños momentos que revelan una vulnerabilidad que la película nunca necesita verbalizar.

La película es muy callada y no ofrece demasiadas oportunidades para entender a Romero más a fondo. Desde muy temprano, él toma la decisión de engañar a su esposa, que lo espera en su pueblo con su hijo, y no muestra demasiado remordimiento al mentirle, diciéndole que aún no le han pagado y que no puede mandarle dinero mientras está en una cita con Nubia en un bar, antes de irse juntos a un motel. Sin embargo, la película tampoco intenta justificarlo. Simplemente lo observa tomar malas decisiones y, a través de él, observa una cultura en la que el machismo predomina, pero también una cierta fragilidad masculina.
Romero se molesta cuando sus compañeros hacen bromas sobre con quién se acuesta, sugiriendo que le gusta estar con hombres. Él no responde realmente a las provocaciones, o al menos no con demasiada autoridad. Una vez más, la película observa. No busca ofrecer una explicación sencilla sobre Romero ni convertirlo en una víctima o un villano. Lo deja existir dentro de sus contradicciones.
El arco más interesante, sin embargo, se encuentra en Nubia. En una conversación, revela que no quiere quedarse sola y que no vive la vida día a día como Romero. Utiliza el ejemplo de que, al ser mayor y vivir sola, podría llegar a tener un accidente y no habría nadie que la cuidara. Romero representa todo lo contrario: vive completamente en el presente, y esa forma de existir también se refleja en su falta de remordimiento y en su incapacidad para pensar en las consecuencias de sus decisiones. Para él, Nubia pertenece al presente; su esposa y su hijo, al pueblo que dejó atrás y que, tibiamente, sugiere que se muden a la ciudad con él.
Es Nubia quien, después de que Romero muere en una pelea entre guardias de seguridad, provocada en parte por las burlas hacia él, tiene que recuperar su cuerpo como su pareja. Decide llevarlo de regreso a su pueblo, convencida de que podrá entregárselo a su hermana, porque Romero le había dicho que vivía con ella y que parte del dinero que ganaba se lo mandaba. Pero cuando llega con el cuerpo, después de una odisea para transportarlo, se enfrenta a una realidad completamente distinta a la que Romero le había contado.

Con mucho cuidado, la historia construye el vínculo de Nubia con Romero y, sobre todo, el apego que ella llegó a desarrollar hacia él. La película se toma el tiempo necesario para que su muerte tenga un peso emocional real y para que Nubia, al regresar a su pueblo, tenga que confrontar las consecuencias de todo aquello que Romero decidió ocultarle. Es aquí donde la película encuentra su mayor fuerza.
Ruano toma una decisión particularmente interesante al no mostrar la confrontación entre la esposa de Romero y Nubia. Ni siquiera sabemos si llegará a suceder. Las dos simplemente comparten una mirada al final y, a lo mejor, eso lo dice todo. Ambas han sido arrastradas hasta ese momento por un hombre que no pudo asumir la responsabilidad de sus actos; por su ambición de buscar una vida mejor, escapar de sus deudas o simplemente sobrevivir, pero también por su incapacidad de hacerse responsable de las consecuencias de sus decisiones.
Nosotros retrata un mundo que no perdona, seas quien seas, y entrega sus mejores momentos hacia el final, cuando Nubia toma el control de una situación que nunca pidió. Es una ópera prima que emociona y que, además, representa una coproducción guatemalteca-mexicana que ojalá abra las puertas a más colaboraciones entre países latinoamericanos, especialmente para dar mayor visibilidad a las historias provenientes de Centroamérica.
Nos emociona esta ópera prima y, sobre todo, lo que pueda venir de Joaquín Ruano en el futuro.



