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El bovino de los cuernos curvos: Cuando la realidad resulta demasiado macabra para explicarla – TIFF 2026

Tras la desaparición de su padre, Amado se adentra en las aguas oscuras del norte de Colombia para encontrarlo, siguiendo las huellas de una leyenda que lo llevará hasta una criatura de cuernos curvos.

En las comunidades alejadas del norte de Colombia, el mito y la violencia cohabitan entre los manglares. Dice la leyenda que un deseo que le pidieron a la luna hace desaparecer a los pescadores en las lagunas, mientras que en las calles desiertas deambula el diablo, asustando a los niños y reclamando las tierras como suyas. Tras la desaparición de su padre, Amado está decidido a encontrarlo, aunque esto lo embarque en un viaje mítico y peligroso, así que navegará las aguas oscuras en búsqueda de la luz de una farola, dispuesto a enfrentarse al ser de cuernos curvos que amenaza con desaparecerlo también a él.

Omar E. Ospina Giraldo presenta su primer largometraje, El bovino de los cuernos curvos, en la edición 51 del Festival Internacional de Cine de Toronto, una película en blanco y negro que retoma los elementos del realismo mágico latinoamericano para retratar las condiciones de abandono e inseguridad a las que las poblaciones más remotas de Colombia se tienen que enfrentar. Visitando una breve leyenda local y la tradición oral, Ospina crea una narrativa en espiral que, basándose en la repetición, va reconfigurando el significado de las palabras y el imaginario de los personajes. Así, un deseo que parece nacer de la preservación se va convirtiendo en un pedido de rescate; las sombras tenebrosas que acechan en las calles se van convirtiendo en viejos conocidos; y las celebraciones se convierten en la cortina de humo perfecta para ignorar la cruel realidad en la que están atrapados.

La magia no se reduce a la narrativa. Ospina pinta imágenes que parecen sacadas de un cuento de fantasía, escenas hipnóticas que nos llevan a recorrer manglares y casas flotantes, cuadros en los que lo perturbador y lo bello encuentran un balance perfecto, atravesados por esa imagen del hombre que camina por el pueblo portando el cráneo de un bovino con grandes cuernos. Parece que en la pantalla cobran vida las leyendas de los seres que se esconden en las casas abandonadas, como si la propia geografía del lugar guardara secretos que solamente pueden entenderse a través de los relatos que pasan de una generación a otra. Es el testimonio de un éxodo y un calvario, pero también una historia sobre la pertenencia y la resistencia.

El ritmo poético de la obra nos atrapa en cada escena, mientras el diseño sonoro nos mantiene alertas, pues nunca sabemos cuándo lo sobrenatural tomará parte de la realidad, cuándo una sombra nos helará la sangre o cuándo una de las historias que escuchamos terminará revelando algo más oscuro. La película parece construirse a partir de esa incertidumbre, entre lo que realmente ocurre y aquello que la comunidad ha aprendido a convertir en leyenda para poder hablar de ello.

Es la autenticidad y la dedicación puesta en el filme la que la hace destacar, profundamente arraigada a un cine latinoamericano que encuentra en la mitificación una forma de comprender la realidad. La repetición de las mismas historias, sin embargo, hace que en ratos la película se sienta atrapada en su propia obsesión, provocando que el tiempo comience a sentirse pesado y que el ejercicio parezca un poco perdido en su objetivo de denunciar la precariedad y vulnerabilidad de esta comunidad. El ritmo contemplativo termina por sacrificar parte de la tensión que consigue construir, aunque la majestuosa fotografía y el trabajo de diseño de producción consiguen que la experiencia mantenga una fuerza visual difícil de ignorar.

Nadie sabe por qué ese hombre decidió vagar por las calles del pueblo con esa máscara macabra, pero su presencia termina por representar algo mucho más grande que una criatura sobrenatural. Es la imagen de la gente mala que se esconde en las sombras, del peligro con el que una comunidad tiene que convivir y de aquello que no siempre puede nombrarse directamente, pero a lo que se aprende a crearle las más bellas historias. Porque cuando la realidad resulta demasiado cruel para explicarla, tal vez sólo queda convertirla en mito y esperar que alguien, algún día, se atreva a seguir sus huellas hasta encontrar la verdad.

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