Las historias de cuatro migrantes comienzan a cruzarse en Mumbai: Karim, un hombre gay, decide casarse con Ameena, una mujer de su misma villa que perdió su hogar tras una catástrofe natural. Él vende veneno para ratas en los complejos de departamentos mientras ella trabaja en un club nocturno atendiendo a clientes en cabinas telefónicas privadas. Cuando Karim encubre a un par de ladrones que huyen de la policía, conoce a Sukka, quien pronto lo incorpora a sus pequeños delitos. Entre ambos pronto nace una relación más íntima, mientras Ameena comienza a recibir cartas anónimas de amor que la llevan a pensar que Omran, el gerente del bar, es su misterioso admirador.
Anuparna Roy regresa a la Biennale di Venezia después de haber ganado el premio a Mejor Dirección de Orizzonti por Songs of Forgotten Trees en 2025, y presenta su segunda película, Lovers in the Blue Night, dentro de la sección Orizzonti de la 83ª edición. Basándose parcialmente en memorias de su juventud y en sus experiencias como migrante, Roy intenta construir una historia de anhelos y deseos reprimidos desde la mirada de la marginalidad, con influencias evidentes de Wong Kar-wai y de Wim Wenders.

El problema es que la película parece enamorarse demasiado de sus propias intenciones. Retratada en espacios pequeños, apretados y escondidos, la historia comienza a desenvolverse con rapidez para presentar la complejidad de su guión, pero pronto el sentimentalismo comienza a ganar fuerza y Roy pierde el rumbo. Las escenas se vuelven melodramáticas, lentas y, en ocasiones, completamente innecesarias, como si la película necesitara insistir una y otra vez en que debemos sentir compasión por sus protagonistas.
La complejidad de las historias termina jugando en su contra. Las peleas son explosivas y repentinas, los giros parecen llegar de la nada y las motivaciones de los personajes son tan vagas que resulta difícil conocerlos más allá de la superficie. Algunas transformaciones narrativas carecen del preámbulo necesario para sentirse orgánicas, mientras que varias tramas secundarias aparecen y desaparecen como pequeñas boyas lanzadas al mar para mantener a flote una historia que quiere parecer mucho más compleja de lo que realmente muestra.
También resulta difícil ignorar la artificialidad de la puesta en escena. La influencia de la dirección y del guión se siente constantemente sobre cada personaje, cada gesto y cada conflicto, haciendo que las piezas parezcan demasiado rígidas para una historia que pretende hablar precisamente de deseos íntimos, espontáneos y reprimidos. Incluso cuando la película encuentra imágenes bellas o momentos genuinamente conmovedores, estos quedan enterrados bajo una insistencia sentimental que se refuerza con una banda sonora llena de sonidos de cuerdas melancólicas y una iluminación oscura, que termina por volverlos todavía menos efectivos.

Y es que algunos actos parecen existir únicamente para provocar lástima, sin que sus consecuencias tengan realmente el peso que deberían. Después de acumular decisiones cada vez más difíciles de justificar, la película llega a su conclusión sin ofrecer una verdadera respuesta a todo aquello que acaba de poner en juego. Los cuatro personajes terminan mirando al mar, sentados e inmóviles, como si ni siquiera ellos estuvieran demasiado preocupados por decidir qué hacer con lo que acaba de ocurrir.
Lovers in the Blue Night quiere hablar de personas que buscan amor, libertad y pertenencia en una ciudad que parece no tener espacio para ninguna de las tres cosas. Pero entre tanta tristeza subrayada, tantos giros y tanta insistencia en conmovernos, termina olvidando retratar a las personas con empatía y cuidado.



