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Memories of a Forest: Una herencia de secretos, sacrificios y sueños – TIFF 2026

Tras la muerte de su abuela, Frieda hereda el bosque familiar y se ve obligada a regresar a un pasado que creía haber dejado atrás. Entre secretos, recuerdos y expectativas familiares, tendrá que decidir qué parte de esa herencia quiere conservar.

Tras la repentina muerte de su abuela, Frieda debe viajar al pueblo de su familia por un par de días y regresar a Viena a tiempo para entregar su tesis. Pero una vez que llega al funeral descubre que su abuela le ha heredado el bosque familiar, un legado que ha marcado la relación con su madre y los recuerdos de su infancia. Frieda debe decidir si tiene tiempo para hacerse cargo de esta nueva responsabilidad o es mejor venderlo para poder enfocarse en su carrera profesional, una decisión que hace que su madre pierda la cabeza y deje en evidencia el control que su abuela aún tiene sobre ella. La visita se prolonga, obligándola a enfrentarse a los secretos familiares, a su propio pasado y a volver a preguntarse por sus ambiciones para el futuro.

En Memories of a Forest, el debut cinematográfico de Katharina Rabl, presentada en el 51° Toronto International Film Festival dentro de la sección Discovery, acompañamos a esta joven que parecía haber elegido alejarse de las expectativas familiares para construir una vida propia, pero que repentinamente se ve obligada a tomar decisiones que afectarán profundamente a su familia. Desde los primeros minutos vemos que tiene una vida acelerada, con fechas de entrega estrictas que la mantienen aislada de sus padres, y conforme pasa el tiempo tras la muerte de su abuela descubrimos que ha descuidado tanto a su familia que ni siquiera se había dado cuenta de que atraviesan problemas económicos, lo que la lleva a considerar la venta del bosque para poder ayudarles.

El personaje se debate entonces entre el deber familiar y las soluciones prácticas que le permitirían seguir su propia ambición. Pero mientras intenta resolver la herencia también comienza a encontrarse con personas de su pasado que la hacen revivir la posibilidad de una vida distinta, preguntándose qué habría ocurrido si nunca se hubiera ido a Viena. Recorrer los senderos del bosque la traslada a su infancia y la presencia de una de las amigas de su abuela, que parece estar teniendo demencia, introduce un misterio que la mantiene haciéndose preguntas sobre la verdadera relación que existía entre su madre y su abuela.

Hay algo de oscuridad que parece ocultarse en lo que Frieda no conoce de las mujeres con las que creció, y las revelaciones aparecen poco a poco mientras comienza la limpieza de la casa ahora vacía. Armarios, habitaciones y cartas terminan funcionando como pequeñas cápsulas de una vida anterior, como si al vaciar aquella casa también estuviera desenterrando todo aquello que su familia prefirió mantener guardado, pero que también le van mostrando que la historia de su abuela y la suya no son tan distintas.

La historia mezcla así varias tensiones sobre los hombros de la protagonista, que ahora está intrigada por saber qué se esconde detrás de ese mundo que creía conocer. También tiene que lidiar con enemistades y comentarios, con los cuestionamientos que la gente del pueblo hace sobre las decisiones de su abuela, que contradicen las tradiciones y la decencia. Mientras Frieda intenta entender por qué aquellas elecciones provocaron tanto rechazo, comienza también a descubrir que quizá su abuela no estaba tan interesada en conservar una tradición como en construir una vida propia.

La cámara se mantiene siempre cerca de Frieda, permitiendo descubrir con ella estas dinámicas y respirar también en el bosque, una bocanada de aire fresco, un escape de todos los problemas que se van acumulando. Un lugar que guarda los recuerdos de una crianza cariñosa, pero también el sacrificio de una mujer dispuesta a dejar un mejor futuro para su familia. El bosque se convierte así en una extensión de la memoria familiar, un espacio que es al mismo tiempo herencia, carga y posibilidad.

La narrativa es calmada y la forma en que se construyen los espacios les da cierto aire de nostalgia, un balance entre una vida modesta y unos armarios oscuros que esconden un pasado doloroso, información que ayuda a explicar la forma en que se vinculan estas mujeres y recuerda que a veces creemos necesario ocultar cosas para proteger a quienes más queremos. Rabl observa esos secretos sin convertirlos en grandes revelaciones melodramáticas, dejando que cada descubrimiento modifique sutilmente la forma en que Frieda entiende su propio lugar dentro de la familia.

Plantar un árbol es confiar en el futuro, es saber que nuestras acciones tendrán eco muchos años después y tal vez podrán hacer una diferencia para quienes mantendrán nuestra memoria. En Memories of a Forest, esa herencia no está únicamente en la tierra que queda bajo nuestros pies, sino también en aquello que recibimos sin haberlo pedido: los secretos, los sacrificios, las expectativas y los sueños de quienes estuvieron antes. Tal vez crecer también consista en decidir cuáles de esas ramas queremos conservar y cuáles necesitamos podar para poder encontrar nuestro propio refugio bajo los árboles.

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