Bobby recorre la autopista entre Viena y Salzburgo acompañado de desconocidos que lo contratan por medio de una aplicación. En el camino de ida y vuelta platica con ellos sobre sus vidas, sus trabajos, sus proyectos y las razones que los llevan de una ciudad a otra. Amable y genuinamente interesado en las historias de cada persona, intenta congeniar con las diferentes visiones que comparten, hablando sobre el servicio militar, discriminación y prejuicios, aunque a veces simplemente busca hacer del viaje un momento agradable de conexión. Mientras tanto, vamos descubriendo las razones personales por las que este hombre serio y misterioso sigue recorriendo una carretera panorámica que ahora conoce muy bien.
London, película dirigida por Sebastian Brameshuber, tendrá su estreno norteamericano en Wavelengths del 51.º Toronto International Film Festival, después de su paso por Panorama de la 76.ª Berlinale, donde tuvo su estreno mundial. Filmada en estudio y construida mediante proyecciones que recrean el recorrido de Bobby, la película funciona como un híbrido entre documental y ficción, dejando gran parte de su discurso en las conversaciones que ocurren dentro del automóvil. Entre ellas aparecen pequeñas pausas narrativas que nos permiten acercarnos a la rutina de Bobby, que visita a un amigo hospitalizado mientras espera que algún día pueda mejorar.

La recreación de estas conversaciones se hace de forma fría y formal, usando la cámara como un medio casi transparente para capturar los momentos íntimos que comparte Bobby con quienes suben al automóvil: un joven militar, alguien que viaja para visitar a su familia, una mujer que se prepara para una boda, una inmigrante rumana que no habla alemán, entre otras personas que dibujan un crisol de problemáticas que atraviesan a Europa en estos tiempos. Con actuaciones contenidas y una interpretación casi monótona de los diálogos, la película apela a su contenido y a sus logros técnicos para sostener nuestra atención.
Y es justamente ahí donde comienza a sentirse cierta distancia. Algunas conversaciones tienen mucho más peso que otras, mientras que una escena se desarrolla casi por completo en silencio y deja una sensación diferente a la del resto del recorrido. La elección de anécdotas también termina por sentirse desbalanceada: casi todas las personas parecen coincidir en sus puntos de vista, reforzando las ideas de tolerancia y progreso que la película parece querer defender, pero reduciendo la posibilidad de confrontación. El resultado se acerca por momentos a una perorata a una sola voz, una Europa que parece mirarse a sí misma como ejemplo de intelectualidad y moralidad mientras deja poco espacio para que alguien realmente contradiga sus certezas.
La premisa tiene posibilidades enormes. El automóvil podría convertirse en un verdadero microcosmos, un espacio donde personas completamente distintas se encuentran durante unas horas y después desaparecen para siempre, dejando detrás una conversación, una duda o una historia. Brameshuber consigue algo muy particular al hacer que todo esto ocurra frente a una carretera que en realidad no existe: saber de la artificialidad de los escenarios y los encuadres nos recuerda constantemente que estamos viendo una construcción, mientras las conversaciones intentan convencernos de lo contrario. El viaje se vuelve entonces una especie de juego entre realidad y representación.

Aun así, Bobby permanece como el corazón más cálido de la película. Su interés por las personas que suben a su automóvil nunca parece completamente impostado, y detrás de cada conversación existe otra razón para seguir manejando. Su propia historia permanece en segundo plano, mientras espera que alguien más le acompañe en el camino.
Así, mientras Bobby continúa recorriendo la carretera, queda la esperanza de que pueda volver a saludar a su amigo, de que encuentre en la calma de su retiro una razón para despertar cada mañana, sabiendo que todavía disfruta de cada minuto del día. Ahora sólo queda como espectador de un mundo que sigue y se transforma, y él, desde detrás del volante, puede ayudar a que ese movimiento continúe, siempre hacia adelante, sin obstáculos en el camino.

