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I Rarely Wake Up Dreaming: Entre el amor, la identidad y una guerra que no da tregua – Locarno 2026

En medio de una guerra que transforma las reglas de su vida, una pareja queer intenta sostener su amor mientras la identidad, el Estado y el miedo convierten la intimidad en un territorio cada vez más frágil.

Oleh culmina su transición a su identidad masculina justo cuando inicia la invasión rusa a Ucrania. Junto a su pareja, Olya, intenta abandonar el país, pero sus documentos ahora lo reconocen como hombre y eso basta para impedirle cruzar la frontera. Se le obliga a quedarse y acudir al frente de batalla. Olya no quiere separarse de él. Ambos regresan y quedan refugiados en Kyiv, buscando una salida mientras las dudas, el miedo y la espera empiezan a fracturar la relación.

Presentada en la 79.ª edición del Festival de Cine de Locarno, I Rarely Wake Up Dreaming, dirigida por Isabelle Stever, observa la guerra desde un lugar privado e incómodo: el de una pareja queer que intenta sostener su amor mientras el país cambia las reglas de su vida cotidiana. La película no busca generalizar el conflicto, sino acercarlo a dos cuerpos, una casa, una mesa y una noche que parece hacerse cada vez más larga.

Stever mantiene a sus personajes a cierta distancia, dejando que la presión del exterior permanezca siempre presente. La oscuridad, el frío, las detonaciones y la radio que informa sobre los últimos acontecimientos rodean a Olya y Oleh incluso cuando la guerra no ocupa directamente el cuadro. La amenaza está afuera, pero también entra en la respiración, en los silencios y en la manera en que una habitación deja de sentirse segura.

Después, la película regresa a la ternura de la privacidad. Observa a la pareja mientras intenta comprender una relación que también ha cambiado de forma. Las caricias, las luces sobre la piel, las miradas y los cuerpos que se buscan, pero también se desconocen, convierten la intimidad en un espacio frágil. Todavía pueden preparar comida, servir café, tocarse y preguntarse cuánto puede resistir el amor cuando todo alrededor exige una respuesta inmediata.

Esa tensión entre vida privada y contexto político permite entender algo fundamental: las historias de las minorías no aparecen en los relatos por capricho ni por agenda. Están ahí porque existen. Porque también huyen, aman, dudan, pelean, sueñan, se equivocan y quedan expuestas cuando las instituciones deciden quién debe ser protegido y quién puede ser sacrificado.

La invasión aparece de forma cotidiana, sin cargar la pantalla de violencia explícita. El peso de la transformación se encuentra en los actos mínimos: casas donde se acumula el desgaste mental, mascotas que también deben ser trasladadas, rutinas que intentan reconstruirse mientras todo parece provisional. La explosión más fuerte no necesariamente viene de afuera, sino de la fricción constante entre dos amantes que sueñan con casarse y escapar hacia un lugar donde puedan construir su propio hogar.

Stever plantea dilemas éticos y morales sin convertirlos en discurso. ¿Qué se le exige a un cuerpo cuando el Estado reconoce su identidad? ¿Qué ocurre cuando esa misma identidad finalmente reconocida se convierte, al mismo tiempo, en una condena burocrática? ¿Qué significa acompañar a alguien cuando la vida íntima, la ley y la guerra empiezan a pedir cosas distintas?

Hay momentos en que el ritmo parece arrastrarse y hace que la espera se extienda más de lo necesario. Sin embargo, esa lentitud también permite que el relato avance con la misma incertidumbre que sus personajes: con cansancio, miedo y la constante sensación de poder elegir mal.

Cuando Olya despierta, hace el recuento de sus sueños. En ellos puede escapar de la realidad que la rodea, viajar a un país donde todo parece posible y convertirse en la sobreviviente de su propia historia. Oleh, en cambio, debe mantenerse despierto. Sus retos están frente a sus ojos.

Y un día, cuando menos lo esperan, un suceso los obliga a tomar la decisión más difícil: seguir por el mismo sendero o aceptar que, tal vez, también se puede avanzar tomando caminos distintos.

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