Eklipse es una ópera prima dirigida por el director austriaco Manuel Wetscher que tendrá su estreno mundial en la sección Orizzonti del Festival Internacional de Cine de Venecia. La película sigue a Tomy, un niño de doce años que pasa el verano de 1999 junto a su mejor amigo Chris en un pastizal alpino. Cuando Chris descubre que el padre de Tomy está hospitalizado con SIDA, su amistad comienza a desmoronarse y Tomy se encuentra atrapado entre la exclusión y el secreto que su propia familia guarda.
Es una película muy bonita que inmediatamente recuerda a Seis meses en el edificio rosa con azul, participante en la Semana de la Crítica de Cannes este año, del mexicano Bruno Santamaría Razo. Pero mientras aquella exploraba la enfermedad desde otra perspectiva, aquí Wetscher se enfoca en la reacción que provoca a través de la amistad entre Chris y Tomy. Los dos tienen un verano tranquilo e íntimo, pero poco a poco los rumores que circulan por el pueblo empiezan a complicar su relación.
La película llega a enfocarse más en Chris, quien se entera de que el padre de Tomy tiene lo que en el pueblo llaman “la enfermedad gay”. Él realmente no entiende qué significa, pero sí entiende que es algo malo y que, según lo que escucha, es un castigo de Dios. Esto lo convence de empezar a rezar y, poco a poco, a distanciarse de Tomy.

Ellos tienen una amistad muy linda y sus cuerpos están constantemente cerca de una manera inocente, algo que no se ve tanto en representaciones de amistades entre niños y que recuerda a Close. Uno utiliza al otro como almohada para descansar del sol y siempre están muy cerca físicamente. Pero poco a poco Chris empieza a interpretar esa cercanía como algo “gay”, algo que le molesta, y es precisamente esa idea aprendida de los demás la que termina alejándolo de Tomy.
Como director, Manuel Wetscher se enfoca mucho en esos silencios poderosos que poco a poco hacen que los niños entiendan lo que está pasando, pero también consigue explorar cómo una noticia así puede impactar a alguien a esa edad. Tomy llega a pensar que él mismo tiene la enfermedad y que por eso la gente se aleja de él. Si acaso, a veces se desearía un poco más de atención hacia Tomy, quien en algunas escenas expresa curiosidad por el pasado de su padre. Aunque la película funciona muy bien desde la perspectiva de Chris, Tomy no alcanza el mismo nivel de protagonismo y es un personaje del que hubiera sido interesante conocer un poco más.
Esto toma mayor fuerza en la última parte de la película, cuando Chris finalmente se entera de la verdad: su padre tiene SIDA. Al principio no quiere verlo y prefiere seguir con su vida como si nada hubiera pasado. Una conversación con su madre le hace entender que tiempo atrás le tomaron sangre para comprobar si él también tenía la enfermedad y que el resultado fue negativo. Aun así, siente la herida de haber sido engañado y se distancia de su madre.
Después, al ver el eclipse junto a Tomy, y una vez que Tomy entiende que lo que tiene su padre es simplemente una enfermedad, los dos retoman su amistad. Uno de los momentos más bonitos de la película llega entonces, cuando Wetscher utiliza material de archivo para mostrar videos caseros de su padre, la primera vez que lo vemos en la película. Se convierte en uno de los montajes más bonitos y significativos que he visto este año, precisamente porque transforma algo que durante toda la película había sido un secreto en un recuerdo familiar tangible.

Al final, Chris corre a buscar a su padre en un momento muy emotivo. Ya entiende el miedo que existe alrededor de la enfermedad, pero también entiende finalmente qué es y qué no significa. Por primera vez, puede dejar de verlo como algo que debe esconderse y permitirse ser abrazado por su familia.
Eklipse es una película muy bonita sobre la amistad y la familia, contada desde una perspectiva muy íntima y situada en un momento específico como 1999, cuando el miedo y la desinformación alrededor del SIDA todavía tenían un peso enorme. Manuel Wetscher encuentra en la mirada de dos niños una manera sencilla pero efectiva de explorar cómo los prejuicios se aprenden, cómo pueden destruir una amistad y cómo el entendimiento puede ser también una forma de recuperar aquello que se había perdido. Es una película que nos dejará mucho de qué hablar por lo que resta del año.


