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A Girl Unknown: La búsqueda de un hogar cuando nadie sabe cómo darte un lugar

A Girl Unknown: La búsqueda de un hogar cuando nadie sabe cómo darte un lugar

Maximiliano Santana

·

noviembre 1, 2026

Hay algo particularmente desgarrador en A Girl Unknown, una película que sigue a una niña de una familia a otra, sin permitirle encontrar nunca un lugar en el que pueda sentirse verdaderamente en casa. A lo largo de los años, desde los seis hasta los dieciocho, el debut de Zou Jing sigue la vida de Wang Juan, interpretada por Cao Ruofan durante sus primeros años y por Li Gengxi (Resurrection, de Bi Gan) durante su adolescencia, a la sombra de las consecuencias de la controvertida política del hijo único en China. Entregada por su familia biológica y posteriormente acogida por Meishuang (Shen Jiani), quien ha sufrido la pérdida de su propia hija, Wang Juan crece atrapada entre el duelo y las expectativas de los demás. Es querida, pero nunca del todo por quien es. En cambio, se convierte en una forma de llenar una ausencia, en el reemplazo de alguien a quien otra persona ha perdido. Es una contradicción cruel que se encuentra en el corazón de la película: todos parecen necesitarla, pero nadie sabe realmente cómo hacerle un lugar.

Esta sensación de desarraigo se extiende prácticamente a todos los aspectos de la vida de Wang Juan. La escuela le ofrece poco consuelo y el acoso que sufre la persigue incluso hasta sus clases de baile, uno de los pocos espacios en los que la película nos permite vislumbrar aquello que genuinamente la hace feliz. Incluso ahí, su determinación por quedarse después de clase para perfeccionar una rutina se convierte en otro motivo para menospreciarla. Hay una sensación constante de que nunca se le permite simplemente existir sin ser juzgada, explotada o forzada a satisfacer las necesidades de alguien más. Cuando finalmente comienza a trabajar, encuentra una rara forma de compañía en una colega mayor, alguien que poco a poco se convierte en una especie de hermana mayor. Su relación ofrece un breve momento de ternura, pero el trabajo tampoco resulta ser un refugio. A través de gestos sutiles e intercambios cuidadosamente observados, Zou Jing sugiere el abuso que sufren a manos de su jefe, sin sentir nunca la necesidad de explicarlo todo. El espectador tiene que ir reuniendo las piezas, de la misma manera que Wang Juan.

Uno de los momentos más devastadores de la película llega con el suicidio de su amiga. Poco antes, las dos chicas comparten uno de esos raros momentos de felicidad sin restricciones: cantan, beben y recorren juntas las calles en una motocicleta, aparentemente libres de todo aquello que las oprime. Precisamente porque la escena se siente tan llena de vida, lo que viene después resulta tan difícil de asimilar. La tragedia ocurre después de que el jefe cuestiona a Wang Juan sobre el hecho de haber estado en su oficina, un intercambio que deja una inquietante insinuación sin confirmar explícitamente lo que ha sucedido. Una vez más, la película se niega a ofrecer explicaciones fáciles y permite que las circunstancias hablen por sí solas. Hay algo particularmente cruel en la rapidez con la que les arrebatan ese breve momento de libertad, reforzando la sensación de que, para estas chicas, la felicidad siempre es pasajera.

Cuando Meishuang finalmente regresa y vuelve a acoger a Wang Juan, la posibilidad de encontrar cierta estabilidad sigue estando condicionada por todo lo que ha sucedido antes. El posterior intento de suicidio de Wang Juan da paso a una de las secuencias más impactantes de la película. Mientras permanece en el baño después de cortarse las muñecas, Zou Jing introduce un escenario imaginado en el que Wang Juan comienza a flotar, casi como si la habitación se estuviera llenando poco a poco de agua. La imagen inevitablemente recuerda a La forma del agua, aunque aquí adquiere un tipo de melancolía distinto. Hay algo en ese acto de flotar que evoca la propia existencia de Wang Juan, avanzando por la vida sin que nunca se le haya dado la oportunidad de encontrar un rumbo propio. El momento se interrumpe abruptamente cuando su padre adoptivo, Wang Weiqiang (Zu Feng), entra y la descubre desangrándose, devolviéndonos a la crudeza de su realidad.

Lo que sigue es una de las escenas más desgarradoras de la película y una muestra extraordinaria del talento de Shen Jiani. En el hospital, Meishuang intenta inicialmente contener sus emociones, recurriendo a un cigarro antes de terminar derrumbándose en un grito gutural. Es un momento extraordinario, no solamente por la intensidad de su dolor, sino por todo lo que parece salir a la superficie. Durante buena parte de la película, Meishuang ha estado lidiando con su propio duelo y proyectándolo sobre Wang Juan, por lo que este derrumbe se siente como un momento de reconocimiento. Ella lo sabe. Sabe cuánto dolor ha causado, aunque entenderlo no necesariamente signifique saber cómo remediarlo. Shen Jiani dota a la escena de una fuerza emocional difícil de olvidar.

Y, sin embargo, A Girl Unknown no nos deja completamente sin esperanza. Sus últimos momentos, con Meishuang, Weiqiang y Wang Juan sentados juntos frente al mar, ofrecen una rara sensación de quietud. La fotografía es particularmente hermosa en esta parte, con una cualidad nostálgica que nunca pierde su vitalidad. Hay una calidez en estas imágenes que contrasta con buena parte de lo que hemos visto hasta entonces y, aunque sería demasiado sencillo interpretar este momento como una resolución de todo lo que Wang Juan ha vivido, al menos existe la posibilidad de algo parecido a la estabilidad. Para alguien que ha pasado gran parte de su vida siendo trasladada de un lugar a otro, quizá simplemente poder quedarse sea suficiente.

Parte de la Semana de la Crítica de Cannes, el primer largometraje de Zou Jing es una película difícil de ver, pero nunca siente la necesidad de excederse en su aproximación. A pesar de la dureza de su temática, evita el sensacionalismo y el melodrama, confiando en sus personajes y en la acumulación de sus experiencias para transmitir el daño que dejó la política del hijo único en China. Más que limitarse a examinar las consecuencias de una política social, la película se detiene en las personas que quedaron atrapadas en todos sus lados: quienes fueron entregados, quienes los acogieron y quienes tuvieron que intentar reconciliar su propio duelo con la existencia de alguien más. A Girl Unknown es una película discretamente devastadora, que entiende lo fácil que puede ser convertir a una persona en el reemplazo de alguien más y lo difícil que resulta recuperar una identidad propia cuando eso es lo único que se le ha permitido ser.

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