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Downtown: Tres hombres, una amistad y la memoria de una comunidad que aprendió a resistir – Festival do Rio 2026

Downtown: Tres hombres, una amistad y la memoria de una comunidad que aprendió a resistir – Festival do Rio 2026

Felipe Curiel

·

octubre 29, 2026

Ronnie y Lennart se conocen en el club Downtown a finales de los años ochenta. Pronto construyen una relación cercana que se mueve entre la amistad y el amor, pero cuando Lennart se enamora de Bas, la dinámica entre estos tres hombres comienza a complicarse por los celos, la inseguridad y los sentimientos de desplazamiento. Mientras tratan de mantener sus afectos a flote, cada uno debe lidiar con sus propias batallas laborales, familiares y personales, al tiempo que observa cómo el VIH se extiende entre su comunidad, arrebatándole amistades, espacios y la confianza en el futuro que sueña construir.

Dirigida por Michiel van Erp y parte de la programación del Festival do Rio 2026, Downtown sitúa a sus protagonistas más de treinta años después de la historia que los unió. Un encuentro casual en el metro de Ámsterdam vuelve a reunir a estos hombres que alguna vez fueron tan cercanos. En el contexto de la pandemia de COVID-19, llega el momento de desempolvar los recuerdos que han guardado durante tanto tiempo: rencores, dudas y promesas que dan forma a una velada tensa, pero que parece conducirlos hacia una reconciliación y una catarsis capaz de trascender lo personal.

Van Erp construye su relato alrededor de historias que ya conocemos. La enfermedad, la muerte, el activismo, los lugares de encuentro y la música que se convierte en himno de una comunidad forman parte de un imaginario que el cine ha revisitado en numerosas ocasiones. Downtown no encuentra demasiada novedad en estos recursos, pero consigue dosificarlos con equilibrio, sin caer en el mal gusto ni convertir el sufrimiento en un espectáculo. Su interés está en entrelazar las historias de tres hombres que miran la vida desde perspectivas distintas y que, aun así, logran construir una familia entre ellos.

Así, mientras Ronnie se convierte en activista, Bas es vencido por el pánico y la vergüenza, y Lennart se niega a aceptar que su mundo se desmorone frente a sus ojos. Cada uno atraviesa su propia batalla, una que parece alejarlos cada vez más, pero que también permite reconocer las distintas formas de vivir una experiencia que no necesita justificarse. La película no moraliza sus decisiones ni establece una respuesta correcta frente al miedo. Las acepta como parte de una historia compartida. En ello encuentra uno de sus mayores aciertos: comprender que la comunidad también se construye desde las diferencias, las contradicciones y las formas particulares de enfrentar la incertidumbre.

Downtown juega con sus dos líneas temporales, aunque en ocasiones el guion no consigue encontrar la fluidez necesaria entre el pasado y el presente. Algunas transiciones se sienten torpes y ciertos momentos parecen empujar a los personajes hacia una intimidad que no termina de sentirse natural. La confesión que surge durante el reencuentro, por ejemplo, funciona como un detonante para acercarlos, aunque su construcción resulta algo desequilibrada. Aun así, la cercanía y honestidad de los personajes permiten mantener a flote el relato. Van Erp no intenta recalcar la miseria, pero tampoco niega la tragedia; mira a sus protagonistas con respeto, sin poner en duda quiénes son ni las convicciones que los sostienen.

La música acompaña los episodios de la historia con un tema que se repite una y otra vez. Aunque no resulta especialmente grave, su poca variación puede sumar al tedio de una historia cuyos acontecimientos ya forman parte de un terreno conocido. En los momentos de mayor dramatismo, la música llega a subrayar aquello que ya está presente en la imagen, mientras también funciona como transición entre los distintos episodios. Por su parte, el diseño de producción diferencia ambas épocas con acierto: los años ochenta aparecen más coloridos y vibrantes, mientras que la casa que sirve como espacio del presente, más neutral y contenida, establece un contraste que acompaña el paso del tiempo.

Downtown no reinventa la historia ni encuentra novedad en su discurso, pero destaca por el cuidado que pone en sus personajes y por la gentileza con la que les permite existir. No los convierte en héroes, porque no lo necesita. Los muestra en sus momentos de fortaleza y debilidad, con sus afectos, sus dudas y sus miedos, recordando que las personas que sobrevivieron también construyeron algo valioso a pesar de todo. Más de treinta años después, siguen siendo parte de una comunidad que no ha dejado de resistir. Sus historias particulares conservan la memoria de un colectivo y nos recuerdan que la resistencia no siempre tiene la forma de una hazaña: a veces consiste, sencillamente, en seguir acompañándose.

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