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Después de Elena: Una familia unida por los hilos del duelo – TIFF 2026

Tras un intento de suicidio, Roberto recibe en casa a sus hijos y nietos, quienes llegan con sus propios secretos, intereses y heridas. Entre discusiones, herencias y recuerdos, una familia rota intenta descubrir cómo volver a convivir.

Roberto intenta suicidarse el mismo día del aniversario de la muerte de su esposa y, como si la tragedia no fuera suficiente, uno de sus hijos intenta hacer lo mismo en el consultorio dental donde trabaja. Los otros dos hijos y sus nietos se mudan temporalmente a la casa para cuidarlo, hablar de la herencia y, de paso, intentar convivir con una familia que hace mucho tiempo dejó de saber cómo hacerlo.

Así comienza la trama de la película Después de Elena, del director Shawn Garry, que se presentará en la 51° edición del Festival Internacional de Cine de Toronto este 2026. La convivencia de esta familia está marcada por peleas exageradas que rozan la comedia y por las diferencias generacionales entre Roberto y sus hijos. No son situaciones particularmente hilarantes, pero sí consiguen una comedia amable, basada sobre todo en lo enojado que está Roberto con sus hijos y en la distancia que existe entre lo que él esperaba de su familia y la vida que cada quien terminó construyendo. Uno es dentista y esconde sus propios pensamientos suicidas, otra produce contenido sobre crianza respetuosa y el tercero es un actor fracasado que busca financiamiento para su siguiente proyecto. Ninguno continuó con el negocio familiar de estambres de Lanas El Dorado, algo que Roberto parece no poder perdonar.

Cada personaje llega a la casa con sus propios intereses y secretos, y son precisamente estos los que terminan manteniéndolos juntos. Aunque las peleas parecen suficientes para que cualquiera se marche, siempre hay algo que conseguir, algo que ocultar o algún proyecto que sacar adelante. Entre partidas de cartas y discusiones, la familia comienza a funcionar casi como una comedia de situación, donde cada persona guarda una agenda distinta y las tensiones se acumulan poco a poco. Los hijos se regañan, se juzgan y se meten en la vida de los demás, pero también se apoyan cuando alguno lo necesita. Roberto, en cambio, parece incapaz de concederles siquiera esa posibilidad.

Ahí es donde Después de Elena comienza a sentirse un poco atrapada. La película ofrece cada vez más razones para entender el enojo de Roberto, pero pocas para verlo transformarse. Al principio es fácil sentir empatía por un hombre que ha perdido a su esposa y que parece haber quedado completamente solo; sin embargo, conforme avanzan las revelaciones, el personaje permanece prácticamente en el mismo lugar. La carta que dejó antes de intentar suicidarse, y que finalmente revela lo ocurrido, podría funcionar como una liberación para una familia que lleva demasiado tiempo guardando cosas, pero en lugar de eso trae nuevas peleas. El dolor se revela, pero no necesariamente encuentra una salida.

Por suerte, la película encuentra una forma mucho más interesante de mostrar ese dolor cuando Elena comienza a aparecer frente a Roberto. Las alucinaciones son conmovedoras y muy poéticas, y permiten ver en pantalla una tristeza que el personaje rara vez consigue expresar de otra manera. Los estambres de Lanas El Dorado también comienzan a invadir la realidad hasta convertirse en una imagen del duelo que Roberto lleva dentro: hilos que atraviesan el jardín, que se enredan con las flores que alguna vez Elena cuidó y que poco a poco amenazan con convertirse en una enorme bola de tristeza capaz de aplastarlos.

Shawn Garry construye alrededor de esta familia una atmósfera linda y una propuesta artística bastante clara. Se logra algo cálido en observar a estas personas pelear, esconderse cosas y seguir regresando a la misma casa, incluso cuando parece que ya no tienen mucho que decirse. Pero también hay una cierta frustración en descubrir que Roberto nunca termina de moverse de ese lugar. La película quiere llevar a sus personajes de vuelta a la convivencia, aunque no necesariamente a la reconciliación, y quizá esa sea también su postura: algunas familias se rompen y simplemente cada quien sigue con su vida.

Después de Elena encuentra imágenes muy bonitas para hablar del duelo, de los secretos y de los hilos que todavía mantienen unida a una familia. Sin embargo, mientras los hijos consiguen avanzar incluso entre sus propias contradicciones, Roberto parece quedarse atrapado en el mismo enojo. Quizá el problema no sea que los hilos estén rotos, sino que nadie sabe cómo desenredarlos.

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