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Children Untold: las infancias que la guerra dejó atrás – TIFF 2026

En el Tokio de la posguerra, una niña de 12 años debe aprender a sobrevivir después de quedar sola en una ciudad en ruinas. Mientras tanto, su antigua maestra emprende una búsqueda marcada por la culpa, el abandono y la indiferencia.

Tokyo, 1945. Las secuelas de la guerra han dejado la ciudad en ruinas y a cientos de niños huérfanos, sin hogar y prácticamente invisibles para una sociedad que apenas comienza a reconstruirse. Kotoko tiene 12 años cuando regresa a casa después de pasar el día con sus compañeras y su maestra Fumiko, quien no se atreve a darle la noticia de la muerte de sus padres y termina dejándola sola en una estación de trenes. En cuestión de un instante, la niña debe aprender a sobrevivir en las calles, integrándose a un grupo de menores que trabajan limpiando zapatos y descubriendo que, para evitar algunas de las amenazas que la rodean, tendrá que fingir que es un varón.

Mientras Kotoko se enfrenta al desamparo y a las redes criminales que comienzan a aprovecharse de quienes no tienen dónde ir, Fumiko vive con el remordimiento de aquello que no pudo decir. Cuando finalmente descubre que todavía puede ayudarla, decide buscarla, pero seguirle el rastro no será sencillo. La indiferencia de una sociedad que aprendió a mirar hacia otro lado convierte la búsqueda de una niña perdida en una verdadera travesía.

Children Untold, la nueva película de Miwa Nishikawa, tendrá su estreno mundial en la 51.ª edición del Toronto International Film Festival, dentro de la sección Platform. Basada en una novela inédita de la propia directora, la película recupera una parte poco visible de la historia de la posguerra japonesa para mirar de frente a las infancias que quedaron fuera de cualquier esquema de protección. Nishikawa construye una producción de época de gran escala, recreando una ciudad devastada y los espacios donde estos niños tuvieron que aprender a sobrevivir, pero encuentra su mayor fuerza en un ensamble infantil que permite mirar la tragedia desde diferentes perspectivas.

La historia mezcla las dos líneas narrativas de sus protagonistas, aunque el peso recae claramente sobre Kotoko. Sus pasos nos llevan de callejones húmedos y fríos a espacios donde los niños son explotados, instituciones que intentan controlarlos y finalmente a una sociedad que, poco a poco, comienza a preguntarse qué hacer con quienes fueron abandonados por la guerra. El remordimiento de Fumiko funciona así como un espejo incómodo: mientras intenta encontrar a la niña que dejó atrás, también debe enfrentarse a la responsabilidad de no haber tenido el valor de decirle la verdad cuando todavía podía hacerlo.

La transformación de Kotoko está construida con especial cuidado. La niña comienza aferrada a los cuidados y enseñanzas de sus padres, opositores al nacionalismo japonés y amantes de la música y el arte, pero pronto descubre que esas herramientas no bastan para sobrevivir en un mundo que le exige endurecerse. Sus amistades cambian, su perspectiva de la vida se radicaliza y la inocencia comienza a desaparecer, aunque nunca termina de borrar por completo aquello que aprendió en casa. Nishikawa permite que los demás niños también tengan espacio para mostrar sus propias formas de resistencia, evitando convertirlos simplemente en víctimas de una tragedia histórica.

Por supuesto, la película apela a una narrativa clásica de los grandes estudios y recurre al melodrama para reforzar las relaciones personales de sus protagonistas. En algunos momentos insiste demasiado en esos vínculos, intentando darles una dimensión emocional que no siempre necesita, sobre todo cuando basta con dejar que los personajes actúen y permitir que sean sus decisiones las que hablen por ellos. Hay escenas en las que la majestuosidad de los escenarios y la producción parece imponerse sobre la intimidad de la historia.

Pero hay algo poderoso en recuperar las voces de quienes alguna vez fueron invisibles. Children Untold recuerda que la guerra no termina cuando dejan de escucharse las explosiones: permanece en quienes deben reconstruir su vida entre las ruinas, en quienes cargan con las decisiones que tomaron y en quienes aprendieron demasiado pronto a sobrevivir. Al mirar la determinación de estos niños que se rehúsan a dejarse vencer, queda una idea sencilla pero contundente: quizá el acto más valiente sea permanecer con los ojos abiertos incluso cuando estamos sumidos en la oscuridad total.

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