Kasia está atrapada en una relación abusiva y delictiva con su novio, con quien se dedica a allanar casas para robarlas y después empeñar lo que consiguen. Está cansada de esa vida, pero salir de la relación no es tan sencillo cuando su pareja le recuerda una y otra vez que sólo él sabe lo que es bueno para ella y que, sin esa relación, no podría enfrentarse sola al mundo. Cuando finalmente la policía lo detiene, Kasia se encuentra desamparada por primera vez y tiene que tomar las riendas de una vida que durante mucho tiempo había dejado en manos de alguien más.
Poco antes, durante uno de sus robos, había entrado a la casa de un hombre que se había suicidado. Ahora, sin dinero y sin un lugar donde dormir, regresa a ese departamento silencioso. Miente sobre su identidad, intenta descubrir cuánto tiempo tardará alguien en darse cuenta de la ausencia del hombre y comienza a reconstruir quién era, cuáles eran sus relaciones y qué posibilidades tiene ella de sobrevivir a su propio dilema haciéndose pasar por alguien que no es.
What Belongs to Others, película dirigida por Grzegorz Dębowski, tendrá su estreno mundial en la competencia Orizzonti del 83.º Festival Internacional de Cine de Venecia. La película desarrolla una premisa que podría pertenecer a un thriller tradicional (una mala decisión que comienza a salirse de control cada vez más y más), pero pronto revela una preocupación mucho más inquietante: la gran soledad y aislamiento de la sociedad moderna.

El engaño de Kasia funciona porque casi nadie conocía realmente al hombre que murió. Sus vecinos no se conocen entre ellos, la familia lleva demasiado tiempo separada y cada persona parece estar tan encerrada en su propio mundo que rara vez se detiene a mirar a quien tienen al lado. Debowski no se conforma con señalar la apatía de quienes rodean el departamento; también observa las deficiencias de una sociedad entera que parece haber aprendido a no involucrarse con nada ni con nadie.
La cámara acompaña a Kasia con cierta inestabilidad, siguiéndola tambaleante y permaneciendo a corta distancia en todo momento, como si también tuviera miedo de intervenir en aquello que presencia. Pero de pronto también se detiene para observar a quienes se cruzan en su camino: una madre abandonada, una pareja que se muda al campo para alejarse del ruido de las grandes avenidas, una abuela que quiere pasar más tiempo con su familia. Son pequeños retratos que podrían parecer secundarios, pero que terminan ampliando la historia y convirtiendo este relato de intriga en un testimonio profundamente humano sobre personas que viven rodeadas de otras personas y aun así permanecen completamente solas.
El guion tampoco teme llevar a Kasia hacia situaciones cada vez más complicadas. Una vez que toma ciertas decisiones, ya no existe una forma sencilla de volver atrás, aunque la película procura mantener los obstáculos dentro de una lógica que permite que el dilema conserve su fuerza. Los escenarios fríos, grises y casi neutrales contribuyen a esa sensación de anonimato: esta historia podría ocurrir en cualquier edificio de departamentos de cualquier ciudad, en cualquiera de esos lugares donde las vidas se amontonan unas sobre otras detrás de paredes que nadie se molesta en atravesar.
Y ahí aparece la pregunta que termina pesando más que el propio misterio. Kasia está acostumbrada a entrar en casas ajenas, a tomar lo que pertenece a otras personas y a sobrevivir aprovechando las grietas de un sistema que nunca se preocupó demasiado por gente como ella. Pero ahora parece enfrentarse a algo diferente: ¿será capaz de allanar también en la vida de alguien más para encontrar una salida a la suya?
What Belongs to Others encuentra así una mirada crítica sobre la marginación y el abandono, pero también un espacio inesperado para la esperanza. Porque incluso en una sociedad que parece haber olvidado cómo mirar al otro, todavía existen pequeños gestos capaces de romper el aislamiento. Tal vez la película no pregunte solamente qué estamos dispuestos a tomar de quienes nos rodean, sino cuánto nos queda por ofrecer antes de que todas las personas terminemos viviendo como completos extraños en la misma casa.

