Written by 5:39 am CINE, FESTIVALES, PELICULAS, RESEÑAS

Shana: el arte de sobrevivir al desastre – Cannes 2026

Algunas personas atraviesan la vida intentando evitar el caos. Otras parecen avanzar directamente hacia él. Lila Pinell construye un retrato vibrante y profundamente humano sobre una mujer que convierte la improvisación en una filosofía de vida, incluso cuando el pasado insiste en alcanzarla.

Hay personajes que resultan imposibles de encasillar porque están en constante movimiento. Cambian de dirección, toman decisiones impulsivas, se contradicen y vuelven a empezar. Shana pertenece a esa categoría. Vive en París como si cada día fuera una oportunidad para reinventarse, avanzando entre trabajos temporales, fiestas interminables y amistades que parecen surgir del mismo espíritu caótico que la define.

Estrenada en la Quinzaine des Cinéastes del Festival de Cannes 2026, la película de Lila Pinell encuentra en su protagonista una fuente inagotable de energía. Todo comienza tras la muerte de su abuela, cuando Shana hereda un anillo que supuestamente debe protegerla de la mala suerte. Sin embargo, la aparición de Moïse, una expareja recién salida de prisión, parece convertir esa promesa en una ironía constante. Lo que sigue es una sucesión de conflictos, encuentros incómodos y decisiones cuestionables que obligan a la protagonista a enfrentar aspectos de sí misma que llevaba demasiado tiempo evitando.

Uno de los mayores logros de la película es la manera en que observa a Shana. Pinell jamás la convierte en un ejemplo moral ni en una advertencia. Tampoco intenta corregirla. La cámara permanece a su lado con una complicidad que resulta fundamental para el funcionamiento del relato. Incluso cuando toma malas decisiones o parece encaminarse directamente hacia el desastre, la película nunca pierde la empatía por ella. Entiende que los errores forman parte de la experiencia humana y que las contradicciones no hacen menos dignos de afecto a quienes las cargan.

Esa cercanía también se refleja en la propuesta visual. La textura granulada de la imagen, los tonos que evocan una estética retro y el ritmo acelerado construyen una sensación de inmediatez que acompaña perfectamente a la protagonista. Todo parece avanzar con la misma impulsividad que define su carácter. La película salta entre momentos de euforia, situaciones absurdas y crisis emocionales sin perder nunca el equilibrio entre la ligereza y la vulnerabilidad.

La figura del anillo heredado funciona como una presencia constante a lo largo del relato. Lo que debería ser un símbolo de protección termina convirtiéndose en una especie de broma amarga frente a la acumulación de problemas que rodean a Shana. La superstición familiar atraviesa la historia como un recordatorio de que, a veces, las promesas de seguridad son incapaces de protegernos de aquello que llevamos dentro. Pinell utiliza este elemento para construir una película que oscila constantemente entre la comedia y el drama sin sentirse forzada en ninguno de los dos registros.

Porque detrás de su energía luminosa existe una oscuridad que la película nunca ignora. Moïse representa mucho más que un antiguo amor. Es la encarnación de dinámicas de violencia y manipulación que amenazan con arrastrar a Shana hacia una versión de su vida de la que lleva años intentando escapar. La película aborda esa amenaza con seriedad, pero se niega a permitir que defina por completo a su protagonista. Incluso en los momentos más difíciles, permanece intacta una vitalidad que la impulsa a seguir adelante.

Gran parte de esa fuerza proviene de la extraordinaria interpretación de Eva Huault. Su presencia sostiene la película de principio a fin, convirtiendo a Shana en un personaje tan impredecible como entrañable. Huault encuentra el equilibrio perfecto entre la fragilidad y la irreverencia, permitiendo que cada contradicción resulte creíble y profundamente humana.

Lo más valioso de Shana es que nunca intenta transformar a su protagonista en alguien ejemplar. La acepta tal como es: impulsiva, caótica, agotadora y profundamente auténtica. Esa honestidad convierte la experiencia en algo mucho más cercano que una simple historia de superación. La película no trata de corregir a Shana, sino de acompañarla.

Y al final, eso es precisamente lo que permanece. La sensación de haber compartido tiempo con alguien real. Con una persona capaz de desesperar a quienes la rodean y, al mismo tiempo, despertar un afecto imposible de ignorar. De esas amistades que parecen vivir al borde del desastre permanente, pero cuya autenticidad hace imposible dejar de esperar que, esta vez, las cosas finalmente salgan bien.

Visited 1 times, 1 visit(s) today
Close Search Window
Close