En medio de protestas y de violencia en las calles, Adelaida traslada el cuerpo de su madre recién fallecida hacia el cementerio. Es un recorrido solitario por una Caracas marcada por la guerrilla y la intervención militar. Al regresar a casa, descubre que su departamento ha sido ocupado por personas desconocidas, y en cuestión de segundos su vida cambia por completo.
Sin documentos, dinero ni celular, despojada de toda seguridad, enfrenta una violencia que se escurre por cada rincón de los espacios que alguna vez guardaron sus recuerdos felices. Guiada por esas memorias y sostenida por la posibilidad de un escape inesperado, deberá poner a prueba su temple para encontrar una salida: reclamar lo que le pertenece o dejar atrás incluso su propia identidad.

Basada en la novela La hija de la española de Karina Sainz Borgo, Aún es de Noche en Caracas es la ópera prima conjunta de Mariana Rondón y Marité Ugás. Las directoras construyen un intermedio entre el thriller político y un cine de acción contenido, situando la historia en el corazón de la violencia en Caracas para mostrar, con crudeza y contundencia, la fractura social de todo un país.
A través de un relato íntimo, Adelaida se convierte en una protagonista atrapada entre dilemas morales y una tensión que no cesa: calles peligrosas, sistemas burocráticos impenetrables, personajes que acechan sin escrúpulos y los fantasmas de un pasado que se resiste a desvanecerse.

Entre los mayores logros del filme está el montaje. La narrativa avanza con un ritmo que nunca pierde tensión, atrapando incluso en los momentos de aparente calma. Las memorias de la protagonista aparecen superpuestas al presente, creando un efecto de continuidad: como si las herramientas heredadas de su madre fueran las mismas que le permiten resistir. Esa estrategia visual convierte la película en una reflexión sobre cómo el pasado moldea la capacidad de enfrentarnos al presente.
Lejos de los clichés del género, Rondón y Ugás optan por encuadres íntimos, silencios prolongados y una cámara que se mueve con cautela para subrayar la vulnerabilidad de su protagonista. La puesta en escena es áspera y opresiva: cada espacio cerrado recuerda que la amenaza puede estallar en cualquier instante, mientras que el sonido exterior, lleno de disparos y estruendos, funciona como un muro infranqueable. La inminencia de lo violento está siempre al acecho, generando un suspenso poderoso.

Aún es de Noche en Caracas no es solo el retrato de una mujer despojada, sino también el espejo de una memoria colectiva. Adelaida simboliza a quienes se vieron obligados a huir, a quienes quedaron atrapados y a quienes siguen resistiendo. En cada plano se percibe la fragilidad de la identidad frente a sistemas políticos depredadores y estructuras que reducen la vida a la mera sobrevivencia.
La película no se limita a narrar la tragedia de una sola mujer, sino que abre una reflexión más amplia sobre la identidad latinoamericana atravesada por la violencia, regímenes militares y un dolor heredado entre generaciones. Adelaida, al final, no es solo un personaje en el libro de su vida; se ve forzada a comenzar de cero, convirtiéndose en la protagonista de un nuevo libro cuyas páginas estarán marcadas por la ausencia y la incertidumbre, que le exigen reinventarse, aunque lo haga con la nostalgia de los capítulos que fueron arrancados y convertidos en cenizas.



