Eduardo viaja por primera vez a la capital. Su destino es Guadalajara, donde presentará el examen de admisión a la universidad. Pero desde el primer momento que pisa la escuela, algo dentro de él cambia. Una especie de hambre por libertad y descubrimiento comienza a apoderarse de su cuerpo y su ánimo. Y aunque su estancia está planeada para durar sólo unas horas, ese breve lapso resulta suficiente para enamorarse: no solo de la idea de dejar atrás su hogar y la vigilancia de su madre, también de un chico que conoce en la escuela.
A partir de ese instante, Eduardo se deja llevar libremente por los caminos que distintas personas van abriendo frente a él. Uno tras otro, los encuentros y situaciones lo llevan a experimentar cosas nuevas, como si la ciudad y sus habitantes lo empujaran a vivir una seguidilla de primeras veces, cada una más vertiginosa que la anterior.
Con esta premisa en apariencia sencilla, El fin de las primeras veces, dirigida y escrita por Rafael Ruiz Espejo, logra construir un relato coming of age que se convierte en una vorágine de vivencias tanto para su protagonista como para la audiencia.

La narrativa fluye con naturalidad y honestidad. La dirección, íntima y arriesgada, adopta la perspectiva de Eduardo, abrazando su vulnerabilidad y acompañando sus impulsos sin juzgar. El elenco aporta matices a cada interacción, presentando una serie de personajes diversos y memorables que enriquecen el trayecto emocional del protagonista. En especial, destaca la forma en que las actuaciones, de apariencia casual, sostienen conversaciones que podrían parecer aleatorias, pero que revelan paulatinamente el estado interior de Eduardo.
El guion no ofrece explicaciones innecesarias, y en cambio confía en la capacidad de quien observa para conectar con los gestos y silencios, con las decisiones dudosas, con los momentos de incomodidad o contemplación. Es esa combinación de ingenuidad y curiosidad la que sostiene el relato, y la que mantiene viva la tensión: ¿en qué momento se quebrará el protagonista? ¿Hasta dónde será capaz de ir para no decepcionar a estas nuevas amistades que lo rodean, o para probar que es alguien distinto, libre y aventurado?
El fin de las primeras veces es un retrato tierno y valiente sobre los días en que el mundo se presenta como algo nuevo y vibrante, cuando cada paso puede ser una aventura y cada rostro desconocido, una promesa. Es una carta de amor, áspera y honesta, a la adolescencia y sus contradicciones; a esos años en que los cuerpos, las emociones y el deseo por vivirlo todo al mismo tiempo nublan el juicio, pero también abren la puerta al descubrimiento.
Porque cada día que se sale al mundo es una oportunidad para vivir algo por primera vez.



