Hay un punto preciso —incómodo, vulnerable, profundamente contradictorio— en el que la infancia comienza a desdibujarse sin que la adultez ofrezca todavía un lugar claro. Everyone’s Sorry Nowadays, presentada dentro del programa Generation 14plus de la Berlinale, se instala justo en ese umbral y lo observa con una sensibilidad poco común. La película de Frederike Migom no busca dramatizar el crecimiento, sino acompañarlo desde dentro.
Bianca tiene trece años y vive rodeada de ausencias. Su madre, completamente absorbida por la enfermedad cardíaca del hermano menor, no alcanza a mirar más allá de la urgencia médica; su padre, tras el divorcio, ha construido una nueva vida con una pareja más joven que observa a Bianca como un conflicto difícil de manejar. En ese entorno, las disculpas son constantes, pero la escucha es escasa. Bianca no exige atención: busca un espacio donde pueda existir sin ser reducida a un problema.
Desde su primera aparición, la soledad atraviesa a la protagonista. No se manifiesta de forma estridente, sino en los gestos contenidos, en la manera en que observa a los adultos que la rodean. Migom entiende que crecer no es únicamente rebelarse, sino comenzar a comprender —a veces con frustración— que los adultos también están llenos de contradicciones, errores y límites.
El guion, escrito por la propia directora, evita subrayados evidentes y apuesta por introducirnos en la mente de Bianca a través de pequeñas fracturas en la realidad. La imaginación irrumpe como una extensión natural de su mundo interior y el cine se convierte en un lenguaje capaz de mostrar aquello que no puede decirse con palabras. Hay momentos suspendidos, casi mágicos, que recuerdan que la percepción adolescente no responde a la lógica rígida del mundo adulto.
Ese delicado equilibrio se transforma durante un sofocante día de verano, cuando Billie King —una actriz de televisión admirada por Bianca— aparece inesperadamente en su casa. La llegada de Billie no solo altera la dinámica familiar, sino que activa en la protagonista un despertar emocional difícil de nombrar. La fascinación, el deseo de ser vista y la necesidad de validación se mezclan en una experiencia tan confusa como reconocible.

Migom filma este proceso con cuidado y sin juicios. No idealiza a los adultos ni los convierte en antagonistas; los muestra como personas que repiten disculpas que no siempre se traducen en actos. Esa distancia entre el “lo siento” y la escucha real se convierte en una de las tensiones centrales del filme y da sentido a su título: un mundo donde las disculpas abundan, pero rara vez llegan a tocar lo que duele.
A medida que Bianca comienza a entender a quienes la rodean, la película también muta. Hay una sensación persistente de encierro, de una infancia que se resiste a desaparecer mientras la madurez exige ser reconocida. El encuentro con Billie funciona como un catalizador emocional: no ofrece respuestas, pero sí una revelación que obliga a Bianca a replantear su mirada sobre sí misma y sobre el mundo adulto.
Dentro de la Berlinale, Everyone’s Sorry Nowadays dialoga con una tradición de cine que no observa a la juventud desde arriba, sino desde la experiencia íntima. La película avanza con calma, permitiendo que los personajes se complejicen con el tiempo. La fotografía luminosa y veraniega construye una atmósfera acogedora que contrasta con la tensión latente entre madre e hija, reforzando la fragilidad emocional del relato.
Si bien algunas decisiones narrativas pueden sentirse convencionales o excesivamente amables, la película se sostiene en su honestidad. Migom no pretende formular grandes discursos generacionales; le interesa capturar las texturas del crecer: la confusión, el deseo de pertenecer, la necesidad urgente de ser visto.
Everyone’s Sorry Nowadays no ofrece certezas. Propone, en cambio, una experiencia emocional que recuerda algo esencial: crecer no es dejar de sentir, sino aprender a habitar aquello que duele. Y entender, quizá demasiado tarde, que no estamos solos en ese proceso.



